Los objetivos como motivación para conseguir resultados

Aunque forman de parte de la estrategia de la empresa y puede parecer que deberían ser lo mismo no es así. La diferencia principal e inmediata entre los objetivos y los resultados es el espacio y el tiempo. Los dos se refieren a logros, pero mientras el primero no siempre tienen en cuenta todas las variables que se puedan presentar a lo largo del tiempo porque es imposible conocerlas, alcanzar el segundo escapa al propio control de la empresa y depende tanto de terceras personas y organizaciones como de coyunturas externas sociales, económicas, etc. Por eso la importancia de considerar los objetivos como motivación para conseguir resultados.

Podríamos decir que los objetivos son todas aquellas batallas que queremos ganar para ganar la guerra, que sería la meta. Los resultados podrían ser el balance de esas batallas y la no consecución de todos ellos no siempre significa no lograr la meta, si bien no tal y como hubiéramos deseado, es decir, no con las mismas ganancias o pérdidas.

Por ejemplo, una noción que no todos los expertos compartirán es la de Susana Jiménez Castro Técnica de Gestión Económica del Departamento de Formación de la Federación Estatal de CCOO Servicios, que opina que el objetivo no tiene interés en sí mismo, sólo el resultado, en el sentido de que a su juicio “un objetivo útil es aquel que define el resultado que yo quiero producir, que determina, asimismo, que no me conformaré con menos”. Luego lo importante del objetivo es la motivación que crea en los colaboradores para que se esfuerzan en crear el mejor resultado. Es decir, tener un objetivo puede aumentar el rendimiento del equipo, como dice Mónica Pascual, coaching deportivo.

Por supuesto, un plan de acción con objetivos concretos es fundamental para cualquier negocio. Pero para que los resultados sean asequibles debe reunir unos requisitos previos. Según Raimon Samsó, creador del Instituto de Expertos estos son:

Cómo deben ser los objetivos como motivación

  • Realistas: Lo que quiere decir que debe tener en cuenta qué recursos se tienen para lograrlo.
  • Específicos: Es decir, dónde, cómo y cuándo.
  • Medibles: Debe ser posible medir y cuantificar los beneficios y los fines.
  • Limitado en tiempo: Tanto de cada uno de los objetivos como de la meta final.

Ahora bien, que un colaborador se fije solo en sus resultados puede resultar tremendamente demoledor. Trasladándolo otra vez al mundo deportivo de la mano de Mónica Pascual en su artículo publicado en makingtalenthappen.com: “Cuando estás orientado a tu objetivo, tu estado de ánimo cambia por completo: sientes la ilusión, las ganas, la pasión por conseguirlo y das lo mejor de ti para lograrlo.

Si no lo consigues, habrás aprendido muchísimo en todo el proceso y estarás mucho más preparado para enfrentar nuevos retos, sean del tipo que sean y esto lo veo cada día con los deportistas con los que trabajo. Sin embargo, cuando el foco está en el resultado entonces, se generan sentimientos de angustia y preocupación ante la posibilidad de no conseguirlo y el estado de ánimo con que enfrentan los retos genera una enorme presión. Aparece el diálogo interior negativo, el miedo (si no consigo bajar a 12 segundos perderé los patrocinadores, no conseguiré el récord de España, tendré que abandonar…) y esa sensación de angustia termina convirtiéndose en un bloqueo difícil de superar”.

Conclusión: debemos tener objetivos, nos deben motivar, debemos trabajar en equipo para conseguirlos, y no mirar al final del camino. No dependerá de nosotros conseguirlos, pero seguro que si trabajamos con ellos en nuestro enfoque lograremos mejores resultados.

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