Aprendizaje basado en problemas o cómo enfrentarse al mundo real

aprendizaje basado en problemas

La sociedad del conocimiento es la sociedad del aprendizaje continuo. Atrás quedaron los tiempos en que una clase magistral contenía el saber suficiente para ser aplicado durante décadas. Conceptos, herramientas y tecnologías avanzan a una velocidad nunca vista antes, y el proceso de enseñanza-aprendizaje debe adecuarse a este contexto y adaptarse a los cambios. No se trata solo de aprender, sino de saber cómo seguir aprendiendo a lo largo de la vida personal y profesional.  

En esta amplia visión de la formación y la educación juega un papel fundamental el aprendizaje basado en problemas (ABP, o PBL en sus siglas en inglés, de problem-based learning). Se trata de una metodología surgida en los años 60 en Norteamérica y que es cada vez más frecuente en todos los niveles educativos, desde las edades más tempranas al bachillerato y los grados universitarios, así como en la formación continua y especializada para profesionales.  

Qué es el aprendizaje basado en problemas 

El aprendizaje basado en problemas es una metodología activa de enseñanza-aprendizaje en la que los estudiantes abordan un problema y proponen una solución. Se parte, por tanto, del planteamiento de un problema específico y son los propios alumnos quienes deben detectar las necesidades para este caso concreto. A continuación realizan una búsqueda de la información adecuada para, finalmente, poder resolverlo. El método ABP huye, por tanto, de la memorización de conceptos abstractos y apuesta por la capacidad de análisis y entender realmente el significado de lo que se investiga, descubre y aplica.  

El aprendizaje basado en problemas se centra así en el estudiante y no en el contenido en sí: lo más importante es que sea capaz de adquirir conocimientos, habilidades y actitudes que le faciliten enfrentarse a situaciones de la vida real y de su actividad profesional.  

Objetivos y beneficios del aprendizaje basado en problemas 

El ABP tiene como objetivo que el estudiante aprenda y sepa manejar el conocimiento que ya tiene, reconocer el que le falta y buscarlo para ponerse al día, seleccionar qué es lo más relevante para un contexto concreto y alcanzar un nivel de comprensión adecuado para poder adaptarlo a todo tipo de situaciones o circunstancias.  

El estudiante, por tanto, desempeña un papel mucho más activo que el que juega en otros métodos de enseñanza más tradicionales, y con ello se multiplica su nivel de implicación y motivación, y se potencia un aprendizaje mucho más autónomo y responsable.  

Tal y como apunta Leyla Angélica Sandoval Hamón, de la Universidad Autónoma de Madrid, este tipo de metodología alienta a los estudiantes a desarrollar habilidades nuevas:

  • Desarrollo del Pensamiento crítico y práctico
  • Análisis y resolución de problemas
  • Trabajo en equipo y productividad
  • Habilidades de comunicación
  • Gestión del tiempo
  • Construir su aprendizaje basado en teorías y problemas de las organizaciones contemporáneas.

Los orígenes del aprendizaje basado en problemas 

El aprendizaje basado en problemas nació en 1965 de la mano de John Evans, decano de la Escuela de Medicina de la Universidad de McMaster, en Canadá, y pocos años después se extendió a diversas universidades norteamericanas y europeas. Evans quería que sus estudiantes abarcaran los diversos aspectos que influyen en la salud y la enfermedad (biología, medio ambiente, estilo de vida, etc.), y para ello cambió las grandes clases magistrales por pequeños grupos de estudiantes que investigaban justos a partir de supuestos reales. Se pasó de una enseñanza unidireccional, en la que los alumnos escuchaban la explicación de un profesor, a una situación en la que debían aportar su razonamiento crítico, reconocer sus lagunas de conocimiento e intentar solventarlas (de manera individual o con ayuda del resto de compañeros) y aprender a trabajar en equipo. El docente pasaba de ser el transmisor de conocimiento a un guía que acompañaba a los aprendices en este proceso.  

Ventajas del ABP en el entorno profesional 

Una de las principales ventajas del ABP en la formación continua a lo largo de la vida profesional es precisamente su similitud con las tareas reales. El aprendizaje basado en problemas potencia las estrategias de resolución y la toma de decisiones, individuales y grupales, fortalece las habilidades de comunicación y argumentación de los participantes y crea conciencia del propio proceso de aprendizaje y de la mejora conseguida.  

Pequeños obstáculos del ABP 

No cabe duda de que el aprendizaje basado en problemas supera con creces los resultados de otros métodos de formación, pero para que tenga éxito hay que vencer algunos obstáculos. De entrada, hace falta que formadores y alumnos asuman sus nuevos roles como guía e investigadores, respectivamente. Para aquellos criados en otro tipo de enseñanza no siempre es sencillo asumir que no se les va a proporcionar de entrada toda la información, sino que va a tener que buscarla por su cuenta. Otra de las diferencias que hay que tomar en consideración es el tiempo necesario que hay que invertir en la preparación del problema por parte del instructor, la organización, búsqueda de información y extracción de conclusiones por parte de los estudiantes y la evaluación final, que no se centra solamente en la respuesta aportada sino en el proceso que se haya seguido para obtenerla.  

Métodos de aprendizaje similares 

El planteamiento del aprendizaje basado en problemas tiene diversos puntos en común con otras metodologías que también se centran en el descubrimiento por parte de los estudiantes, y que pueden complementarse entre sí.  

Una de ellas es el estudio de casos, muy similar al ABP con la particularidad de que el alumno aprende a trabajar siempre sobre casos reales y no sobre supuestos ficticios. Se empezó a utilizar especialmente en las escuelas de derecho de Estados Unidos y es un método habitual en esta disciplina. El aprendizaje basado en proyectos, por su parte, se basa en un interés concreto del propio grupo de alumnos, y son ellos mismos quienes definen cómo trabajar de manera colaborativa y qué objetivos quieren conseguir. Es el método más adecuado para potenciar el trabajo en quipo.  

La caza del tesoro también potencia el trabajo el equipo, se puede adaptar a todos los niveles de enseñanza y requiere el uso de internet para recabar la información. Parte de una serie de preguntas acompañadas de enlaces en los que pueden buscar los datos que necesitan, y ayuda a potenciar las habilidades en el manejo de las tecnologías de la información. El WebQuest, por último, también precisa de la investigación online para resolver un problema o hipótesis. 

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