Inteligencia emocional en el trabajo

inteligencia emocional en el trabajo

¿Qué es más importante en el trabajo: el coeficiente intelectual o la inteligencia emocional? Aunque para muchos la balanza siga inclinándose hacia el coeficiente intelectual, durante los últimos años el concepto inteligencia emocional en el trabajo ha tomado un protagonismo relevante. Manejarse eficientemente ante cualquier situación que pueda producirse en el ámbito profesional es esencial, y es que está demostrado que el 65% del éxito laboral se debe a la aplicación de la empatía, a poder influir e incluso persuadir.

Entender y gestionar las emociones, tanto las propias como las ajenas, es especialmente importante cuando conocemos el impacto positivo que tiene su correcta aplicación en el trabajo:

  • Alta satisfacción laboral, aumento del desarrollo profesional y menor ratio de rotación de personal en las empresas.
  • Aumento de rendimiento y productividad.
  • Capacidad de afrontar nuevos retos con actitud positiva y de adaptarse a entornos de cambio, encontrando soluciones a los problemas que surgen en el día a día. Un concepto denominado “resiliencia”.
  • Trabajadores más competentes socialmente, más emprendedores y hábiles a la hora de gestionar las frustraciones.
  • Evitar el llamado síndrome de burnout o desgaste en el trabajo.

Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia emocional entre otros y el creador del concepto, explica que son 5 las habilidades que componen la inteligencia emocional: el autoconocimiento, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales.

Habilidades que componen la inteligencia emocional

Autoconocimiento

Comprender y conocer nuestros valores, sentimientos, estados de ánimo, metas y habilidades. En el trabajo, ayudaría a identificar los primeros signos de estrés o comprometerse con una carga de trabajo asumible.

Autorregulación

Para no tener que luchar contra nuestras emociones, tener la capacidad de controlarlas jugará a nuestro favor. En un ámbito profesional, puede resultar de gran ayuda para gestionar la frustración, posibles conflictos por una carencia de comunicación o también saber ver las cosas desde otra perspectiva para valorar con cabeza fría un asunto y tomar decisiones.

Motivación

Es la habilidad de fijarnos metas exigentes, pero a la vez realistas, y lograrlas sin pensar en las dificultades que puedan presentarse. Motivar a los empleados supone, por ejemplo, mejorar el nivel de compromiso.

Empatía

Tan simple, y complejo a la vez, como ponerse en la piel de los demás. Entenderles. Su aplicación en el clima laboral es determinante para lograr una atmósfera positiva que favorezca la colaboración y el trabajo en equipo.

Habilidades sociales

Consiste en el conjunto de destrezas que nos facilita la interacción efectiva con el resto de personas. La comunicación no verbal sería un buen ejemplo, ya que es necesario que nuestro mensaje se interprete correctamente. Además, esto contribuirá a que la relación entre compañeros se afiance.

Dinámicas de inteligencia emocional en el trabajo

Para conseguir dominar todos estos aspectos, hay una serie de pasos que podemos seguir. En el caso de que, ya de por sí, no nos consideremos especialmente hábiles en los momentos de aplicar la inteligencia emocional, podemos desarrollarla con tiempo, esfuerzo y ayuda profesional y el departamento de recursos humanos. Estos elementos nos supondrán herramientas y, sobre todo, feedback. También ayuda, aunque parezca simple, ampliar nuestro vocabulario de emociones básicas, ya que describir concretamente nuestro estado de ánimo nos ayuda a saber qué es lo que nos está pasando exactamente. No es lo mismo estar triste que decepcionado o enfadado. Como tampoco es igual sentirse alegre, orgulloso o bien aliviado. Por último, controlar lo que pensamos hace que vigilemos nuestro comportamiento y lenguaje corporal. Los sentimientos son el resultado de las emociones y de lo que pensamos sobre esas emociones.

En resumen, ser emocionalmente inteligente puede resultar muy útil. Aunque también es cierto que, dependiendo de nuestra profesión, deberemos darle más o menos importancia. De hecho, existen investigaciones que apuntan que hay ocasiones donde un exceso de inteligencia emocional puede ser contraproducente. Para analistas de datos o cualquier profesional basada en un sistema mecánico, prestarle demasiada atención al lenguaje corporal o emociones de aquellos que nos rodean puede suponer una grave distracción.

Volver a las noticias
Categorías
Volver a las noticias
Otras noticias relacionadas

Cómo ser más productivos

Leer más

¿Qué es el Digital Workplace?

Leer más
Volver arriba