Oficinas verdes o ecológicas. Defender el medio ambiente trabajando

El cuidado del medio ambiente no consiste sólo en reciclar, en prestar atención a lo que consumimos—reduciéndolo únicamente a lo que necesitamos y a lo que vayamos a aprovechar durante largo tiempo— o movernos en transporte público en vez de emplear el vehículo privado. Tampoco se trata de vivir bajo un constante sentimiento de culpa por tener hábitos de vida que, en mayor o menor medida, son insostenibles. La transición a la sostenibilidad llegará de la mano de pequeños cambios individuales, pero sobre todo de la de los colectivos, de las decisiones que tomamos en sociedad.

Sin embargo, es cierto que cada acción cuenta, por mínima que nos parezca. Y, considerando la cantidad de tiempo que pasamos en el trabajo, no está de más preguntarse qué podemos hacer para que  nuestras oficinas sean sostenibles y sustentables, para reducir nuestro impacto ambiental.

Movilidad en el trabajo.

Una de las decisiones en las que podemos incluir el factor ambiental es la movilidad al trabajo. Es  probablemente el trayecto que más veces repetimos a la semana, así que tenemos la ventaja de poder probar diferentes métodos de transporte para conseguir llegar desde un punto a otro (del domicilio a la oficina o viceversa). Usar la bicicleta no sólo acorta los trayectos en ciudad, sino que mejora la salud y el estado de ánimo, además de fomentar la motivación de las personas al sentir que están participando activamente en la actividad de traslado al trabajo. Si no nos sentimos con ganas de pedalear o el clima no acompaña, el transporte público e intermodal siempre una buena apuesta. Como última opción debería quedar el transporte privado, que, a ser posible, debería ser de  consumo bajo o neutro en emisiones de CO2.

Ahorro energético en la oficina

Otra cuestión a valorar en nuestro día a día laboral es el derroche energético de los aparatos electrónicos. Seguramente haya en la oficina algún ordenador o pantalla encendida que no se está usando. Es conveniente adelantarse al personal de limpieza o de seguridad que pueda darse cuenta de este descuido a última hora y apagarlos uno mismo, después de asegurarnos —claro está— de que, en efecto, nadie los está utilizando. De esta forma contribuimos al ahorro energético.

En los lavabos, puede suceder que los grifos se hayan quedado abiertos. Conviene cerrarlos y, en caso de que no se trate de un descuido o de una confusión (por pensar, por ejemplo, que son de apagado automático) y que sea un problema de funcionamiento, avisar a la persona responsable para que ésta se encargue de solucionarlo cuanto antes, y se pierda la menor cantidad de agua posible.

Evitar el uso del papel

El papel también es otro recurso natural que se debe ahorrar al máximo. Desde el higiénico hasta el de imprimir o de los post-its y libretas. Lo ideal es optimizarlo y evitar gastar más de lo estrictamente imprescindible. Imprimir a doble cara, en papel reciclado o, directamente, no imprimir (hoy en día, apenas es necesario) son decisiones que contribuyen a cuidar del medio ambiente. Siempre podemos apuntar cosas en papeles usados o que están en blanco en su reverso.

La oficina o el despacho no tiene por qué tener la luz encendida a todas horas. La luz natural es mucho más agradable que la artificial y por las mañanas —más en un país con tanto sol como España— suele haber más que suficiente para trabajar a gusto. Para ahorrar energía, en este caso, sólo hay que abrir las persianas y ahorrar en consumo de energía.

Ahorrar en aire acondicionado

Y hablando de eficiencia energética, también se puede reducir el consumo energético y eléctrico ajustando el termostato al valor de la temperatura ideal. La climatización de los edificios sostenibles es un importante contribuyente a las emisiones de gases invernadero, y por ello es necesaria su regulación adecuada. En los grandes espacios de trabajo suele haber problemas con las diferencias entre las zonas más cálidas y las más frías: unos se congelan mientras otros se asan. Lo aconsejable es, según los expertos, fijar el termostato en los 22ºC y tener paciencia hasta que se caliente toda la oficina.

Por último, no está de más colocar plantas (naturales) que, además de generar un entorno más agradable para los empleados —desde el punto de vista de la estética—, ayudan a filtrar los elementos contaminantes que pueda haber en el aire acondicionado, por lo que contribuyen a mejorar la salud de los trabajadores, además de beneficiar el medio ambiente y la calidad de vida.

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