¿Qué hago con mi vida profesional?

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A lo largo de la vida profesional es habitual atravesar etapas en las que nos sentimos estancados, desmotivados o incluso en las que nos plantearnos un cambio. Se trata de momentos en los que sencillamente no sabemos qué hacer con nuestra vida profesional y nos resulta difícil encontrar un camino que disuelva esa sensación de malestar. 

Indicadores de que necesitamos un cambio 

Puede ocurrir que sintamos que la monotonía del trabajo nos ahoga, que lo que hacemos en nuestra posición no nos motiva, y estas sensaciones prolongadas en el tiempo pueden resultar muy nocivas a nivel psicológico.  

Según el estudio Jobstacles realizado por Linkedin, el 67% de los españoles se ha encontrado atascado en un trabajo que les hacía sentir infelices o en el que estaban desmotivados.   

Tratar de negar estas alertas no suele ser una buena opción, ya que nos vamos a anclar en la apatía y en el aburrimiento. Lo ideal es prestar atención a lo que nos ocurre para poder identificarlo y ponerle algún tipo de solución. 

Cambio de trabajo 

La manera en que llegamos a realizar una determinada actividad profesional no siempre es fruto de una decisión meditada. En ocasiones una serie de circunstancias nos lleva a ese lugar sin que nos hagamos muchas preguntas, otras veces una actividad que en principio nos gustaba puede terminar causándonos indiferencia o incluso rechazo.  

Sea como sea, en momentos de crisis profesional merece la pena preguntarnos si realmente queremos invertir 8h diarias en esa actividad, pero ¿cómo abordar un cambio profesional? 

  • Salir de la zona de confort: La zona de confort es aquella en la que nos encontramos estables y seguros, pero mantenernos en ella durante demasiado tiempo puede dar lugar a que nos acomodemos y nos aburramos. El primer paso es decidir salir de este entorno controlado para alcanzar la denominada “zona mágica”, que implica vivir nuevos retos para alcanzar experiencias maravillosas. 
  • Identificar nuestras habilidades: Un cambio profesional requiere esfuerzo y para poder realizarlo con éxito lo ideal es apoyarnos en nuestras habilidades y fortalezas: orientarnos a aquellas actividades que nos gustan y se nos den bien. 
  • Reconocer oportunidades en el entorno: Lo ideal es que el cambio que nos planteemos no sea exclusivamente fruto de una pulsión interna. Debemos examinar nuestro entorno en busca de oportunidades. El mercado laboral está en constante transformación y en ocasiones ni siquiera conocemos las oportunidades que existen. Muchas veces un pequeño reciclaje profesional, como los que ofrece el sector de la sostenibilidad, puede llevarnos a un destino profesional completamente distinto. 
  • Diseñar un plan: Una vez tenemos claro lo que queremos hacer es posible que descubramos que el cambio profesional que buscamos requiere cierto reciclaje o formación específica.  En tal caso debemos estudiar la manera de alcanzar ese objetivo estableciendo un plan a medio y largo plazo. Quizá podemos empezar simultaneando la formación con el actual trabajo, reducir nuestra jornada… 
  • Vencer el miedo o la inseguridad: Todo cambio supone un reto, y cuando además nuestra estabilidad económica está en juego es natural que surjan las dudas, el miedo y la inseguridad. Estas llamadas a la prudencia deben ser escuchadas, pero sin dejar que nos dominen, manteniendo una relación sana con ellas y volviendo tantas veces como sea necesario al plan que hemos diseñado.  

Mantener la motivación en el trabajo 

La solución al estancamiento no siempre está en un cambio radical. A veces tenemos un buen contexto de trabajo (buena relación con compañeros y/o superiores, buen salario…), pero aun así nos sentimos estancados.  

La buena noticia es que podemos mejorar nuestra situación sin tener que dejar nuestro trabajo: podemos aprender, mejorar nuestra productividad y conectar de nuevo con los aspectos positivos de nuestro puesto. 

  • Análisis: A veces el problema no es la actividad profesional ni el trabajo, sino las circunstancias (las relaciones, el ambiente, los horarios…). En este caso la propuesta es analizar la situación y averiguar cuáles son los pros y los contras para reforzar los primeros y contrarrestar los segundos.  
  • Automotivación: El objetivo es recuperar la ilusión. Probablemente en otro tiempo este trabajo nos hizo felices, por lo que vamos a tratar de reconquistar ese sentimiento: empezaremos por desarrollar un plan de trayectoria profesional, que funcionará como hoja de ruta. Esto implicará establecer retos (que vayan creciendo de forma progresiva). Además, será beneficioso modificar la rutina (la hora de salir de casa, la forma de llegar al trabajo, la organización de las actividades de la jornada…). 
  • Formación: existen multitud de oportunidades de formación que pueden suponer un reciclaje profesional. Nos permitirán ver nuestro puesto de trabajo con otros ojos y con total probabilidad mejorar nuestra aportación a la empresa. 
  • Transformación: no existe una única forma de hacer las cosas, por ello merece la pena, siempre que la empresa este de acuerdo, cambiar metodologías de trabajo que además pueden suponer un aumento de la productividad. 
  • Relaciones sociales: las relaciones con los compañeros son esenciales, nos hacen sentirnos integrados, nos permiten aumentar la perspectiva acerca de lo que ocurre en la empresa y, siempre que estas relaciones sean saludables, encontrar un punto de motivación. 

En definitiva, debemos tener en cuenta que el movimiento genera movimiento, de la misma manera que la inmovilidad genera estancamiento. Este tipo de procesos deben vivirse como un aviso para la activación y el cambio.  

Dependiendo de la realidad de cada cual podremos tomar decisiones más o menos arriesgadas, pero siempre es recomendable mantener una actitud constructiva y abordar nuestro proyecto bajo la premisa de que una situación de estancamiento no es sostenible en el tiempo. Cualquier cambio que vayamos introduciendo es un paso que nos aleja de una situación en la que ni estamos cómodos ni estamos dando lo mejor de nosotros mismos.  

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