Soft skills para la Transición ecológica y digital

soft skills

A nivel nacional y europeo estamos inmersos en una gran revolución que en el terrero laboral afecta tanto al ámbito de la sostenibilidad como a la digitalización. La necesidad de instrumentalizar a nivel europeo una salida a la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 ha dejado patente que cualquier solución pasa por fortalecer la economía verde. De ahí que los fondos para la recuperación o Next Generation hablen conjuntamente de la transición ecológico y digital.  

Ambos conceptos aplicados a la empleabilidad de las personas y al papel del gestor del talento reformulan las soft skills o habilidades blandas que hasta ahora eran valoradas en un proceso de reclutamiento. A modo de recordatorio, frente a las ‘hard skills’ o competencias técnicas específicas de cada puesto, estaríamos de otro tipo de habilidades que, al margen de nuestro curriculum, nos hacen capaces de poner nuestros conocimientos en práctica, así como de ser lidiar resolutivos a la hora de lidiar con las dificultades que se pueden presentar en el día a día en nuestro entorno laboral. 

Qué son las Soft skills o competencias ‘blandas’ 

Las soft skills son competencias que se pueden trabajar y desarrollar. Por ejemplo: iniciativa y dinamismo; capacidad para trabajar en equipo; actitud creativa; disposición al aprendizaje continuo; inclinación a la innovación y a aprender nuevos métodos de trabajo; búsqueda de la calidad; orientación al cliente; habilidades de comunicación y capacidad para el esfuerzo, la flexibilidad o la organización (‘Informe de Competencias Profesionales y Empleabilidad del CES’. Consejo Económico y Social de España, Marzo, 2015).   

Ahora bien, en el último año las circunstancias han cambiado y requieren, como se ha apuntado al principio de este artículo, una readaptación de las habilidades de los colaboradores, y también de los directivos, para adaptarse a los nuevos tiempos y conducir a sus organizaciones hacia el crecimiento en un mundo que es nuevo.  

Adaptarse a este nuevo entorno entorno laboral puede hacerse individualmente por cada sujeto si bien es la empresa la principal interesada en que su equipo, a través de un proceso de ‘reskilling’, se adapte a las nuevas circunstancias. Puede aumentar las competencias de sus profesionales con acciones formativas planificadas. También iniciar el proceso a través del ‘aprendizaje organizacional’, que consiste en la capacitación profesional indirecta y continua mediante la cooperación entre los miembros del equipo a través de la comunicación, el diálogo y la detección individual y colectiva de errores.  

Habilidades tecnológicas 

Lo cierto es que de aquí a 2025 muchas de las tareas y puestos de trabajo requerirán de personas con habilidades tecnológicas. De hecho, a nivel mundial el 41% de las compañías estima que tendrá que ampliar la contratación de profesionales para trabajos especializados (‘The Future of Job’. World Economic Forum, Octubre 2020).  

En España, los estudios que han dado la luz revelan que tenemos un gran trabajo por delante. Antes de la pandemia, el 66% de la población activa afirmaba que la transformación digital y la robotización habían modificado su puesto de trabajo pero el 71% consideraba que estos procesos no pondrían en peligro su actual empleo. Sin embargo, la mitad de los trabajadores reconocía que no estaban formándose en competencias sobre nuevas tecnologías según el informe ‘Transformación Digital, Robotización y el Desarrollo de Nuevas Tecnologías’ de InfoJobs. 

Esta entidad opina que, más allá de las habilidades digitales, serán las denominadas capacidades blandas las que las empresas valoren más en el medio y largo plazo. Y es que como ya hemos señalado varias veces en este blog la irrupción de la tecnología hace que cambien los roles laborales. Al ocuparse las máquinas de las tareas más rutinarias estarán, determinadas soft skills cotizan al alta. Una de ellas es la capacidad de colaboración y empatía.  

Inteligencia emocional  

Así, la encuesta IDC EMEA Future of Work revela que la tendencia es el fomento de entornos colaborativos para mejorar la relación entre equipos. Por eso, la mayoría de las organizaciones está implantando espacios de coworking, offices y áreas sociales de networking. “De esta forma la necesidad de algunas habilidades, como las tecnológicas, sociales y emocionales, se incrementará, y la demanda de otras, incluyendo las físicas y manuales, disminuirá”, dice al respecto la consultora.  

El informe ‘Tendencias Globales en el Lugar de Trabajo’ (Sodexo, 2018), basado en una serie de artículos, revela esta tendencia a darle cada vez más importancia a la inteligencia emocional entre los miembros de un equipo. Y pone de manifiesto asimismo una nueva forma de hacer en las organizaciones muy interesantes en el ámbito de la sostenibilidad y del ahorro de recursos: la reinvención organizacional de la economía colaborativa. 

Organizaciones colaborativas 

El artículo dedicado a este tema cuenta con las aportaciones del profesor y experto en economía colaborativa Arun Sundararajan y la experta en empresas emergentes Sissel Hansen. Según explica, en pos de fomentar una eficiencia máxima de la mano de obra y los materiales, el concepto de la economía colaborativa se ha transformado en el ámbito orgniazcional en un aumento del trabajo autónomo y en el uso compartido frecuente de recursos como materiales, oficinas o equipamiento.  

Tal y como explica el documento, “esto representa una oportunidad sin precedentes para organizaciones y empleados, desde una mayor agilidad para las empresas hasta un mejor equilibrio entre la vida laboral y personal y la satisfacción de los empleados”.  

Sin embargo, también es cierto, y el informe deja abierta esta reflexión, que los trabajadores y las empresas que participan de esta fórmula de economía colaborativa se enfrentan a varios desafíos: “Los empleados están abiertos a la explotación, mientras que las organizaciones son vulnerables a los riesgos asociados a los recursos compartidos”. 

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